El amor y su incierto destino, relación que todos los que somos asiduos al rechinar de los sneakers mantenemos con la canasta. La canasta, esa maldita que nos encandila, capaz de llevarnos al cielo, de hacernos sentir únicos, de hacernos llorar de felicidad.
La canasta, esa mujer de metal sin sentimientos, capaz de dejarnos por otro hombre que en ese momento la ame mejor y hacerlo sin ningún tipo de resentimiento. Esa mujer que nos hace dar todo lo que tenemos en gimnasios, pabellones y en canchas de cemento en las que caer es equivalente a dejarte media rodilla. Esa mujer que nos lleva al límite sólo por conseguirla y que si fallamos se irá a por otro.
Para ello hay unos señores especializados en el arte del amor a la canasta. Señores que son capaces de mantener una relación a distancia con ella sin ningún tipo de obstáculo. Hielo en las venas y sangre en los ojos. Hablemos de asesinos, hablemos de shooters. Hablemos de destellos fugaces capaz de matar un partido, de señores que aparecen, hacen su trabajo y se van.
Señores con una habilidad destructiva tan enorme que no necesitan puestas de escena de 40 minutos para aniquilar todo resto vivo de partido que pudiésemos divisar.
Dos son las escenas en que estos señores multiplican su valor en pista:
1. El partido parece estar decidido por una gran ventaja por uno de los equipos, sólo un hecho fuera de lo normal podría hacer que las cosas no acabasen como la lógica indica. Habría que matar a la lógica pues, nada mejor que un francotirador con la cabeza fría para no dejarse llevar por la presión, con Diazepam corriendo por sus venas, con su corazón latiendo al ritmo de Sam Cooke cuando los demás andan con la emoción desenfrenada del Space Jam de Quad City’s DJs. Por lo general, suelen ser jugadores con un impacto en pista medianamente regular durante el partido con una gran explosión en finales apretados, no una gran canasta, una gran actuación. Señores que les gusta verse con el agua al cuello. Tiempo de killer sinónimo de tiempo de Miller. Nuff said.

2. Señores que simplemente dan la estocada, el típico niño callado de clase que cuando abre la boca deja esa sensación de que está todo dicho. El que está en el grupo de matones y que pese a no moverse apenas es el que más te acojona. Killers que no aparecen prácticamente durante el partido pero que no necesitan puesta a punto o calentamiento. Diseñados para matar, no para debilitar. Salen con el trabajo a medio hacer pero con lo más importante aún a medias. Duelos entre ellos pueden ser fabulosos y espectaculares. Pero estos señores obran milagros. En plural, Big Shot Rob. No podía ser otro.

Señores que salen y matan equipos. Team Down.

